25 de octubre de 2009

SURF DÉRMICO: EL DEVENIR EN LA PIEL



En realidad, lo que no soportamos es la estridencia de esos sonidos inarticulados. Es el «nada más de aquel todo». Lo que no soportamos es que somos un poco Penélopes, un poco Ulises, un poco máquinas célibes, un poco replicantes ... y no solamente eso. E incluso, en los momentos en que, desavisados, conseguimos soportarlo, descubrimos con cierto alivio que, de la convivencia desencontrada de esas figuras, se destila ya una nueva suavidad.  Suely Rolnik

Hablar de la piel sin metáfora alguna. Sea delicado. Hablar de la piel sin recurrir a la erudición médica porque lo que acontece es todo lo que acontece en la piel, en la superficie de los cuerpos. Sea. La piel muda es lo mismo que decir la piel deviene. Cambio de superficie o superficie cambiada, cambiante, superficiante. La corporeidad de lo superficial es la nueva suavidad o el contacto. Cada cual tiene su piel. Nada de blancos, negros, amarillos y marrones, toda piel es piel para contactar. El deseo fluye y hace fluir la piel. Recordemos la ignorancia e imbecilidad de la teoría racista, fluya ésta por donde fluya, en el consenso entre negros y blancos, o en el disenso de los mismos. Curiosamente, en la teoría racista y racial se tomó muy en serio la cuestión dérmica, solo que la piel era tomada como un factor determinante que se encadenaba a toda una carga discursiva con componentes despóticos, militares y económicos, siendo estos componentes discursivos carga a su vez de la común acepción de piel. En realidad todo se hacía mover en términos disyuntivos, partiendo de un origen, de una supremacía de uno u otro, del Uno-Sujeto y del Otro-Objeto. La piel hace mucho que entró en escena, con tatuajes, perforaciones, pinturas, etcétera. Pero la dialéctica dérmica fue la enfermedad, el cáncer de la piel. El discurso en torno a la misma se ha cerrado sobre todo en el ámbito de la sexualidad (“quiero sentir tu piel y tu roce para…”) imposibilitando la expansión por otro lado de la esfera a favor de la ausencia de un contacto real (no dirás quiero sentir la piel a más de una persona, a no ser que sea de la familia, y ya la maldita mirada parece que se torne perversa).

La piel, dicen, es un órgano y la dermis un tejido. Para nosotros la piel no es un órgano, al menos la piel no se organiza, es organizada, es compuesta y tejida. Como todo tejido es un espacio liso o estriado. En nuestro caso hablaremos de tejido liso y tejido estriado, para tratar de acercar la piel-superficie (la de los cuerpos) a la de la entre-piel, piel entre dos o más (la que es tejida entre cuerpos).
Bellas son las arrugas de la piel, que marcan el flujo de una vida, porque son los organismos los que mueren, no la vida. Suave es la piel lisa de un bebé, pero suave también la mejilla de un anciano. Una prácticamente lisa, otra forcejeando entre la herida y el hiriente. Devenir-dérmico.
La piel desorganizada es un desierto. Ya no será más un órgano ni un conjunto de órganos. Piel y dermis. La piel es una interfaz. La piel es una red. La piel es una tela de araña, solo que bajo ella hay riesgos: organización, jerarquización y principio. La piel ha sido seccionada, escindida, ahora dermis, ahora epidermis...y lo peor es que al seccionar para organizar después, todo registro de acontecimiento ha sido viciado de antemano. Y no hay ni una sola metáfora.
Cuando decimos que la piel es sinónimo de superficie, también queremos decir que lo es de contacto. La piel es una siendo múltiple. Y tenemos una. Ha sido magnífico no ser posible decir tengo dos pieles, como si dijésemos tengo dos riñones, o dos pulmones, o dos corazones. En cualquier caso, también hay tejido en ellos. También hay . O lo que es lo mismo, un riñón no es riñón sino contactando, filtrando (cortando) flujos de sangre y produciendo otro flujo, la orina. La piel, incluso como los órganos, es elástica, y los órganos son más o menos elásticos en función del tejido que los con-forma. ¿Qué es sino envejecer sino una dilatación del tiempo que hiere y marca la piel gracias, entre otras cosas, a un cierto cociente de elasticidad? ¿Por qué los bebés tienen la piel tan suave? Porque todavía no han sido heridos, marcados.

[ Advert: No es nuestra intención aquí cambiar el concepto de vida (bios) ni el de cuerpo (corpus) por el de piel (dermis), pero debemos saber que el uno incluye a los otros y viceversa. Y por supuesto, otras tantas cosas que no abordaremos en el presente texto. ]

La piel está libre de órganos, de tal suerte que sea ésta la que controle, se responsabilice de la formalidad de los mismos. Quemarse la piel no es sólo un cierto cuadro clínico, que también. Quemarse la piel es la herida de un acontecimiento, de una serie de movimientos en la superficie. Digamos que quemarse la piel es “playear”, “marinear”, Acontecimientos. Digamos más aún que quemarse la piel es jugar a la pelota en la arena, junto al mar, disfrutar de la actividad, olvidarse de la crema protectora solar, etc.

La piel no tiene nada que ocultar. Pero la piel contornea el cuerpo. Y el cuerpo sí ha querido ser ocultado. El cuerpo de los n sexos, el cuerpo de la hipócrita moral victoriana, el cuerpo del bio-poder, ¡incluso el cuerpo del delito! (La piel del cuchillo es la bolsa, o la tela o caja). A tales efectos, es piel que se cubre, superficies de inscripción donde todo queda representado. Abajo o arriba el telón, tanto da.

La performatividad de la ciencia también tiene muy en cuenta la piel. Sea el contagio y sea además el miedo al contagio. Y el contagio siempre es por contacto. Piel “abierta”, herida. Sea el VIH, destrucción del tejido individual como destrucción del tejido, de la piel social, del contacto entre personas. De nuevo el miedo. Hay toda una política del miedo. Sean la violencia + delincuencia: Anticipación y asunción del miedo. No registramos sino el código del Miedo bajo orden y mandato de la bio-política. Sea la música en los pubs: Imposibilidad de contacto gozoso de las relaciones, habilitación para la imposición del seguir la pauta del menor contacto-máximo placer. Imposible expresión descodificada de cuerpos. Lo que se expresa no es sino la réplica de un código producido, a saber: la pornografía social. De nuevo, no se enseña la piel, más bien queda como residuo. Se enseña, se presupone un pene erecto, una vagina, unos músculos, unos senos y una serie de discursos en torno al sexo y contacto bien delimitados. Organización de la dermaticidad de la sexualidad, del deseo y del cuerpo-piel. La piel, actualmente, sólo puede ser estimulada, más que estimular. La piel sólo registra un número definido de estímulos para soportar la enorme cantidad de pulsaciones que sufre bajo un único y mutante código sexual. Nuevos agenciamientos despóticos cancelan la dermaticidad, y por tanto la elasticidad de la misma. Nuevos agenciamientos despóticos anulan el contacto por la imantación que por otra parte ha hecho del Placer el sustantivo por excelencia de la sexualidad de los siglos XX y XXI.

Así las cosas, la piel se estría hasta quedar tan seca y tiesa como el cuero. Esto me hace pensar en la concepción que tenemos de responsabilidad, y del tomar precauciones. Y no podía ser de otra manera, la piel dentro de este tipo de agenciamiento sólo se torna cancerígena. Una piel que ha soportado el  total de su elasticidad. ¿Quién puede decir que las masivas y mediáticas operaciones de cirugía estética son un alisado de la piel? ¿No será, por el contrario, el estriamiento dérmico pasado por un dispositivo de falso alisado? ¿No será que, de haber estriado la piel al punto de casi su fragmentación es imposible que tenga un desenvolvimiento normal en la imagen dogmática de la Mirada-Estética? ¿No es acaso la cirugía estética la reterritorialización de lo impotente para que el rostro vuelva a funcionar? ¿No será el alargamiento del pene una reterritorialización de la significación dominante de la sexualidad capitalística porque el contacto (la dermaticidad) ha reducido las conexiones de la interfaz técnica a tres o cuatro puntos cardinales? ¿No será este un agenciamiento despótico ensamblado con la Viagra y la impotencia genital y sexual del hombre?

La piel se regenera. Detengámonos en este punto, pues tal vez sea fundamental para pensar la piel y lo que Suely Rolnik llamó “nueva suavidad”. Las células de la piel se regeneran para bien si no hay un cáncer que lo impida. La piel por tanto no sólo es superficie, sino que es el territorio en que se actualizan las células, por tanto nuevas. Las que traen algo de oxígeno. 


Toda piel tiene poros. El poro es tanto salida como entrada. Por el poro entra suciedad, que hace bulbo como quiste. También por los poros salen espinillas, granos. También el sudor, que es nuestro refrigerador corporal. También sale el pelo. Por supuesto, la piel contiene olores, gustos, tonalidades. El poro es la salida-entrada a la madriguera. Pero cuando la madriguera dérmica se tapona, el cuerpo se enquista. Se vuelve totalmente tóxico y cancerígeno. Pero como sabemos, el bio-poder / poder sobre la piel siempre necesita (no puede hacer otra cosa) que se deje un grado de porosidad no taponada. Es curioso que hasta la fecha, los granos en la cara, en la piel en definitiva, resulten desfavorables para las “relaciones sociales”. Pero el grano, es el grano que el trabaja desde fuera hacia dentro. La Mirada-Estética censura el grano porque emerge, y condena a la piel en consecuencia, como tierra en que todo lo que se planta, es basura, solo que la basura, es prefabricada. Para el capitalismo, todo es defectuoso, y hay que arreglarlo (todo lo contrario que el funcionamiento de las máquinas deseantes). El poro de la piel es el desnivel de una duna del desierto. No podríamos sentir la suavidad sin un cierto grado de porosidad, ni sentir la porosidad sin un cierto grado de suavidad. Sentimos porosidad y suavidad (no como términos opuestos, sino relacionales) gracias a la piel.

¿Cómo hacerse una piel sin cáncer y no morir en el intento?

 
Repetimos: La piel es superficie. La superficie conoce muy bien las intensidades que por ella pasan, van, se quedan, se instalan y marchan. La piel no es lo que está arriba (de los órganos) ni abajo. La piel es el entre-órgano. La piel es la superficie desértica entre órganos. “El desierto crece…”. Un órgano cancerígeno y la piel, inevitablemente, lo sufre. “La selva crece…”. Selva y desierto, mar y glaciar, selva, desierto, mar, glaciar: Eso es la piel. Venimos con una piel, y no precisamente de serie. La producción dérmica en serie vendrá ipso facto, pero no de serie. Toda construcción de piel, toda recombinación, toda regeneración de piel sólo puede venir de agenciamientos colectivos de contacto. Parezca o no tautológico (no estamos aquí para metodizar) el caso es que no lo es en absoluto. Se trata de crear nuevos agenciamientos que permitan el contacto (añadiremos contacto físico productivo) como una táctica de liberación de sueños enjaulados, de presentes idénticos, de identidades presentes…como una táctica de liberar flujos de deseo. Obviamente una nueva dermaticidad implicará nuevos agenciamientos de deseo. ¿Pero en qué consiste esta nueva dermaticidad?


“La piel es suave por un pliegue de sensación, la piel es áspera por un despliegue de sobrecodificación”. Sentir la dulzura en la piel es un nuevo agenciamiento. Transportar la dermaticidad de los órganos bucales a la dermaticidad de las manos. Devenir-dérmico, devenir-mano de la lengua, devenir-lengua de la mano, devenir-oceánico, revolución corporal sin órganos, articulando únicamente intensidad. La piel no conoce la homogeneidad. Es en sí misma heterogénea, mezcla de composiciones y composiciones de mezcla en superficie. No pidamos a la piel justamente lo que no soporta: Hacer una imagen de sí misma y decir que es Otra para tranquilizarnos.
La elasticidad de la piel es también adaptación de superficie. Una nueva dermaticidad supone una nueva sensación superficial. La superficie estriada, codificada ad nauseam siempre incluye la angustia y la alegría del incompleto bloqueo. El capitalismo siempre trata de registrar hasta que punto se rompe la piel, pero el registro siempre queda incompleto porque la piel, sus granos, su sudor, su dulzura, sus pelos, siempre emergen donde menos se le esperaba. Porque la piel no entiende de axiomas ni de principios. Sólo de heridas, de combinación de las mismas y de cicatrices que al descifrarlas gritan el paso del Acontecimiento. Siempre hay una porción de piel, vale extensión, no marcada, un desierto al borde del desierto. ¡Siempre hay una zona donde no hay vellosidad y de cualquier manera no podemos asegurar que no emerja!

Estamos en el nivel 0 de la elasticidad. Por decirlo de alguna manera, se trata de una piel virgen, aun considerando este adjetivo poco satisfactorio, entre otras cosas, porque una piel contiene tantos adjetivos como agenciamientos se efectúen en y alrededor de ella. Entramos de lleno en la posibilidad de efectuación de una nueva suavidad.


Entenderemos por suavidad la disposición de un tejido para permitir el desplazamiento de partículas, moléculas, afectos, bloques de infancia, bloques de amantes, sin dependencia de una sobrecodificación psicoanalítica, capitalista, ideológica y estatal. La suavidad es el grácil devenir del tacto, no en tanto uno de los llamados cinco sentidos, sino en tanto el tejido del devenir. La violencia o tranquilidad que se dé en el tejido del devenir no depende de la suavidad, sino que aquéllas dependen de en qué tejido se esté dando el devenir y qué nivel de suavidad posee dicho devenir. 


El devenir-niño de que Guattari habla (sobre posibles devenires en Japón), el devenir-animal de Kafka, el devenir-caballo del pequeño Hans…todos estos devenires, según los dicho, no se clasifican en más violento o más tranquilo según lo que antes hemos expuesto. El devenir-animal podrá ser tranquilo o violento en función de los bloques que arrastre, de los agenciamientos que conforme y hacerlo en una suavidad. No existe un violento o tranquilo por excelencia, entre otras cosas, porque la velocidad es acelerada y lentificada en el propio devenir. 


La suavidad es el despliegue del sentir. Del afecto, de afecciones, de ardientes pasiones, de melodías. La suavidad es siempre melodía del cuerpo. Un cuerpo sin melodía deja de ser suave y puede por supuesto posarse sobre/en otro tejido y pasar a otra disposición. La suavidad es el devenir-xilófono de Lullatone, el devenir-mar de Christopher Willitts y Ryuichi Sakamoto, el devenir-elástico de Ludovico Einaudi. Vemos como la suavidad es un agenciamiento del devenir, un espacio que habilita el devenir. Se dice de Van Gogh que su pintura es de colorido violento, que no transmiten tranquilidad alguna, pero de nuevo, podemos decir que es una pintura que posee una suavidad impecable: Las transiciones del amarillo sólo son posibles por una suavidad que habilite las tonalidades. ¿Por qué la suavidad no iba a ser uno de los materiales del pintor, del artista? Picasso optó por no trabajar con la suavidad, y no es extraño que las pinturas resultaran angulosas, cúbicas, una pseudodeconstrucción del rostro que promovía la construcción de enormes figuras que seguían remitiendo a un rostro. Picasso seccionaba y diseccionaba todo, por eso la suavidad no fue aliada suya. 


Si la suavidad es el despliegue del sentir, inevitablemente debemos considerar el Amor. Salvo en el amar cortés o en el amar sufí y el amor zen, los agenciamientos en los que se instala (el Amor actual) son del todo menos suaves. Al no haber transición (amar como tonalidad), al existir un decálogo de qué debe entenderse por Amor (Amor mercantil con todo tipo de artilugios para mantener el agenciamiento en stand-by), al entender la suave del Amor como sexo con Amor mercantil (que dicho sea de paso, es una construcción bastante pobre) y al anteponer el Placer al Goce, el Amor hoy no es más que un teatro basado en una obra con exquisita caligrafía, de una página y de contenido cerrado sobre sí. El amor cancerígeno es el producto resultante de la aleación de rudeza, mercantilización de las emociones y de la detención del flujo deseante que cristaliza en los dos primeros elementos (rudeza y mercantilización).


Una máquina célibe se engancha a la megamáquina pornográfica que fluye por Internet, una máquina paranoica se vuelve adicta a la máquina religiosa… Una máquina deseante se enchufa a una máquina alcohólica, una máquina de guerra es destruida por el acople a la máquina discursiva de juventud dominante. La maquinación de ilusiones es reducida a la ilusión de descarga mediante la obtención de placer. Ante esto, nosotros decimos: La suavidad deviene sensualidad en el Amor. Por eso es nueva y regeneradora. Por eso la sensualidad no tiene nada que ver con lo Mortuorio, pues la sensualidad centrifuga el placer, la paranoia y la adicción maquínica. La sensualidad es la captación de signos en el devenir de un amante; amante que por otro lado ya es amante por el mismo proceso de captación de signos, salvo que no deviene tal hasta decir “¡Ello es lo que quiero!”. Sentir al Otro es devenir-Otro. “Tu piel es mi piel y es pura diferencia”. Amar es construir un agenciamiento, una inclusión masiva producida a través de signos que son importantes para uno, de gestos, de miradas, de pestañeos, de formas de dedos, de tono de voz. La sensualidad es el despliegue del sentir. ¿Por qué despliegue? Porque ya no se trata de sentir EN sino sentir CON, ENTRE, sentir es saber que la piel siempre es extranjera de sí misma, y que cuando la piel siente, se enriquece su elasticidad, con la que se pliegan multitud de signos, afectos y afecciones.


La sensualidad no busca la Belleza en ningún sitio. Encuentra bello este lugar, que es la piel, la dermis, porque le interesa “El borde del desierto es el desierto…y es un desierto en mí.”. Una piel no contacta especialmente con Otra piel. Es una nueva piel que se pliega y despliega y, por tanto, contacta. Éstas son las operaciones básicas del contacto: plegar y desplegar. Va de suyo que plegar y desplegar no son contrarios, pues siempre hay plegado en el despliegue, siempre se pliega algo, del mismo modo que siempre se despliega en el plegado, siempre se despliega algo. Son operaciones generativas, productoras de otros tejidos, de otra piel. El pliegue es necesario para la suavidad. 


El contacto no es bueno ni malo a priori, ni tampoco por “naturaleza”. Ni siquiera lo suponemos. Que el contacto sea bueno o malo depende exclusivamente del deseo. “No deseo porque algo sea bueno, sino que algo es bueno porque lo deseo”. Un contacto es un encuentro, y si se nos permite, diremos que es un encuentro dérmico. Un encuentro con su temperatura, con su porosidad, con sus espacios lisos y sus espacios estriados, con su elasticidad. Un contacto que no deseamos siempre nos provocará rechazo. Un contacto que deseamos puede tornarse cancerígeno si el deseo agencia componentes antagónicos, tristes, despotenciadores entre sí. “El pueblo alemán deseaba el contacto con Austria, Francia y Ucrania”. Cómo contactar, cómo agenciar dermis es todavía experimentar y sentir el experimento, hendirlo. Pero de esa novedad, de ese agenciamiento

sabemos apenas dos o tres cosas. La pr­imera es que él sólo se hace si preservamos lo conquistado por las máquinas célibes -tener autonomía de vuelo, un vuelo donde el encuentro con lo irreductiblemente otro nos desterritorialice; ser pura intensidad de ese encuen­tro. La segunda es que, si eso es necesario, no es suficiente: al mismo tiempo que se da la desterritorialización, es preciso que, a lo largo de los encuentros, se construyan territorios. Y nos empeñamos en la creación de esta nueva escena (¿Nuevas escenas?). Somos casi replicantes, ya sabemos también de qué está hecho ese empeño: está hecho de amor. (ROLNIK 2008)

No podemos saber qué depara un encuentro, pero sí sabemos si potencia o no la creación de nuevos tejidos, y con ellos, nuevos territorios. El su defensa del Cuerpo Sin Órganos y su (continua) fabricación, Deleuze y Guattari pedían cautela, atención, cierta responsabilidad, mesura. Exactamente lo mismo pedimos nosotros, desde nuestros residuos micro-fascistas, con nuestras revoluciones moleculares, con nuestros defectos y virtudes. No hay pieles mejores que otras, hay dermaticidades (las singularidades de/sobre la piel) que agencian tejidos más o menos estriados y con los que se producen encuentros afortunados o desafortunados. No hay una piel superior ni inferior, porque la piel es siempre superficie, y la superficie atiende a nivelaciones, más que a niveles, atiende a gradaciones e intensidades, climas: Efectos de superficie. Olvidarse de la piel, del contacto, de la sensualidad es producir máquinas-cancerígenas en la propia piel. Olvidamos la piel, pero la hemos encontrado de nuevo en lo nuevo:

Las franjas de frecuencia de ese inusitado viaje aún no están bien sintonizadas. Hay ruidos, sonidos inarticulados y muchas veces no soportamos la espera de que una composición se cree: en nuestra prisa por oírla, corremos el riesgo de componer esos sonidos con viejos clichés. (ROLNIK 2008)



::: Bibliografía: Suely Rolnik,  Por una nueva suavidad. El texto aparece íntegro en el libro Micropolítica: Cartografías del Deseo.  Ed. Traficantes de sueños, Madrid, 2008.

2 COMENTARIOS:

Bel M. dijo...

¿Has visto "La piel dulce" de F. Truffaut? No tiene nada que ver con tu texto, que, por cierto, me ha parecido fascinante, pero esa definición del amor me la ha recordado.
Abrazos.

Marina dijo...

Hola!!
Vaya que si que hace bien cuidar de si mismo. Todos deberíamos hacerlo, más o menos.

y, si voy a francés, pero llevo poco tiempo estudiando, yo me manejo genial con el inglés, pero el francés me esta encantando...aunque vaya palabra más dificil has tenido que coger para poder pronunciar jaja.

Gracias por tus explicaciones.
Besos.