The Great Wave off Kanagawa, Katsushika Hokusai
Quisiera aquí proponer una serie de líneas que habiliten la cristalización de una literatura conformada por expresiones que surjan de huidas de regímenes sintácticos y gramaticales, así como por conexiones entre diferentes territorialidades por las cuales el autor del texto deja de ser sujeto para devenir ejeto (arrojado).
Cuando nos proponemos escribir, siempre nos asalta la duda sobre qué escribir, si vamos a hacerlo mejor o peor, qué dirán los demás cuando lo lean, qué forma se le dará al texto, etc. Bien, lo mejor que podemos hacer es no escribir en el momento en que la duda sobre el QUÉ escribir surge. Digo esto sencillamente porque el escribir nunca empieza sobre un qué, sino que el escribir ya está en un algo, en un campo de escritura. Por supuesto, no se trata aquí de cómo escribir un texto neurótico o exponer públicamente un escrito a modo de banalidad bajo la forma de un diario (no es que escribir el diario sea algo banal, sino que existe una banalidad expresada a modo de diario).
Creo que resulta óptimo ponerse a escribir de inmediato, no porque eso que escribamos sea de lo que queramos hablar, sino precisamente porque debemos entrar en una zona en que nuestra concentración, atención y afecciones puedan conjugarse de forma que el cómo vamos escribiendo determine el por qué (no el qué) escribiremos. Si escribimos porque hemos sido afectados por un acontecimiento, si escribimos porque hemos escuchado una canción que nos ha marcado, si escribimos porque queremos dejar de escribir escribiendo. En resumen, escribiremos porque queremos hacer circular flujos y conectar otros. Cuando se habla de la importancia de un escrito, se habla precisamente de cómo nos ha impactado, violentado y afectado, de cómo la conjunción de flujos expresivos emitidos por otro nos atraviesan o nos dejan completamente indiferentes y pasamos a otra cosa. Cuando escribimos devenimos todo lo que se agencia al escribir, se actualizan todas las virtualidades que acompañan a bloques de infancia, de adolescencia, de surf, de trabajo. Tal vez por eso escribir sea un asunto de otro que de exponer lo que nos sujeta y nos dice tomándonos por el cuello que “Yo soy Yo y sólo Yo puedo escribir sobre Mí.”
Uno nunca escribe sobre sí mismo. En el acto mismo de escribir ya no es un sujeto quien escribe, es otro, pues como dice Deleuze,
escribir indudablemente no es imponer una forma (de expresión) a una materia vivida. La literatura se decanta más bien hacia lo informe, o lo inacabado, como dijo e hizo Gombrowicz. Escribir es un asunto de devenir, siempre inacabado, siempre en curso, y que desborda cualquier materia viviente o vivida. Es un proceso, es decir un paso de Vida que atraviesa lo viviente y lo vivido. La escritura es inseparable del devenir; escribiendo, se deviene–mujer, se deviene–animal o vegetal, se deviene–molécula hasta devenir–imperceptible.
Es precisamente eso: un paso que atraviesa lo vivido y lo viviente. Es un paso EN el vivir. Por eso carecen de relevancia los escritos sobre alguien que escribe sobre sí mismo y por eso llegamos a pensar que la escritura de ese alguien se trata de un ejercicio de narcisismo.
Cuando se escribe, se puede utilizar el “recurso literario” (no me gusta mucho este término) de la invención de un personaje. Ese personaje de que hablo no es aquel que representa lo que A piensa ni es aquel que esconce un sucio secretito de quien escribe. Vayamos un poco más y digamos que el personaje es otro que cristaliza en el otro escribiente: Zaratustra no es el alter ego de Nietzsche ni Gandalf o Frodo el alter ego de Tolkien. Lo que habilita la producción de personajes en literatura es esa cristalización de afectos activos y pasivos y que se ejecutan en un ensamblaje expresivo. El personaje dice lo que no que el otro escribiente no puede decir si se encerrara en el Yo-sujeto autor, si se imposibilitara el devenir propio de toda escritura. Se necesita uno o varios personajes no por vergüenza o por ocultación de ese Autor que estaría detrás de ellos, sino porque se desea expresar aquello que no podemos decir de otro modo sino deviniendo, y devenir es necesariamente tan contagiante como fracturante en positividad del Yo.
Retomando la cuestión, no es qué escribiré, sino cómo se va a escribir esto que se ha atravesado. La pregunta antes de escribir, no sería ya la de “¿Sobre qué voy a escribir?” sino “¿Qué se ha atravesado para que haya que escribir?”. Es una pregunta que nos dispone ya en marcha en el campo de escritura mencionado unas líneas arriba. No hay nada abstracto aquí: Sólo se escribirá cuando se devenga-escritor, cuando finalmente, se arrastren bloques de devenires y necesiten ser dispuestos en expresión literaria (littera = letra).
La sintaxis y la gramática suelen ser dispositivos de asfixia de devenir-escritor cuando se quiere comenzar a escribir, tanto como lo hace el Yo, porque establece y normaliza cómo debe ser expuesto y contenido lo que se va a escribir. Escribir también es trazar líneas de fuga de los controles sintácticos y gramaticales, siempre hay una fractura en la creación literaria. Sería del todo imposible la emergencia de novedades en el escribir si no fuese posible trazar líneas de fuga, pues todo estaría perfectamente codificado, de tal suerte que sólo hablaríamos redundantemente de lo ya dicho, ordenado y representado por las significaciones dominantes (realmente, ¿qué significación no es o trata de ser dominante?).
Sobre los signos de puntuación diremos que son a-significantes, pero que posibilitan la lentificación de un flujo de palabras o su aceleración, mutando la expresividad, la forma y el contenido, imperceptiblemente. Veamos cómo funciona:
“La casa del parque, aquella solitaria casa dentro de la cual se podía ser comunidad, un viento fresco iluminando la puerta. Sentí un tremendo frío que me comunicaba la presencia de una verdadera solidaridad.”
“La casa del parque. Aquella solitaria casa… dentro de la cual se podía ser. Comunidad, un viento fresco, iluminando la puerta. Sentí un tremendo frío. Me comunicaba la presencia de una verdadera… solidaridad.”
“La casa del parque, aquella solitaria casa dentro de la cual se podía ser comunidad, un viento, fresco iluminando la puerta. Sentí: un tremendo frío, que me comunicaba la presencia… de una verdadera solidaridad.”
Mismas palabras (exceptuando algunos nexos), expresividad completamente distinta. Hemos mutado el fragmento a través de signos a-significantes que se ensamblan en el texto y cambian su velocidad, su lentitud, su latitud y su longitud. Preguntarse qué significa “…” o “,” no tiene sentido si no es en relación total con el texto, frase o proposición en que se encuentran.
“Fue abominable, estúpido, rancio, altanero, incapaz, vil, colosalmente abyecto.”
“Fue abominable. Estúpido. Rancio. Altanero. Incapaz. Vil. Colosalmente…abyecto.”
No se expresa de ningún modo lo mismo. Pero eso no depende exclusivamente de los signos de puntuación a-significantes, sino del cómo y qué deviene el escribiente.
P.S. Una expresión no se mejora. Una expresión se emite siempre desde el cuerpo y con el cuerpo. Si creemos que expresarse mal es dejar espacios en suspenso al hablar, escribir o gesticular, no habremos entendido nada, ¡Gombrowicz! . Nunca se expresa nada subjetivamente. El tartamudeo en la escritura, en la música, incluso en el silencio, es de las mejores cosas que les puede pasar a todas estas artes (sí, el arte del silencio). Tartamudear hace temblar todas las estructuraciones, significaciones y prejuicios. Por eso no hay que tener miedo a escribir, sino detectar si se tiene miedo a escribir por una serie de bloqueos producidos por los significantes y derruirlos o bien si se tiene miedo a escribir porque no se sabe escribir. Si resulta esto último, entonces diremos sencillamente que escribir no es una cuestión de gramática, sintaxis o del oficio de escritor, pues escribir es, ciertamente un devenir que nos hará despojarnos de los miedos que podamos tener, entre otros, a la ortodoxia literaria.





9 COMENTARIOS:
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Disculpa la bromita sin gracia. Bueno, Bufu, muy bueno, aunque te has metido en un terreno escarpado, nada fácil, sobre el que se podría escribir infinitamente o... nada.
El otro día hablaba con una amiga bloguera sobre escritores que subjetivamente nos gustan o no, lo cual no significa que no sepamos reconocerlos, reconocer si alguien es escritor. Tal vez simplemente escritor sea el que necesita escribir, o no, como Bartleby, haya escritores que no escriben. En ambos casos, saben que es imposible, aunque los unos no cesan de no escribir (Lacan) y los otros hayan cesado de escribir.
Un abrazo.
Copio aquí un tweet de Adri (www.inmanencia.net / www.twitter.com/Naxos) en el cual comenta lo siguiente:
"Creo que ejecto suena bien también: la sustracción intermedia del Dasein arrojado al mundo: sujeto y objeto del mundo: ¡el ex-pulsado!"
Estimada Bel:
No hay que disculpar nada, si bien me quedé extrañado de los puntos suspensivos, como diciendo "parece que va a preferir callarse", pseudoparafraseando a Bartleby. Y qué cierto es lo que dices, "hay escritores que no escriben" y yo diría que hay por tanto "escritos que no provienen de escritores", creyendo férreamente que éstos son los más bellos. ¿Un ejemplo? El engendro de Mariano. No digo que Mariano sea un engendro, sino que alguien un engendro se ha escrito y si lo llamas por Mariano, igual te contesta.
Una pequeña "conversación" Bartleby-Lacan.
Lacan: Adelante, Bartleby, empieza a hablar.
Bartleby: Preferiría no hacerlo.
Lacan: ¿Por qué?
Bartleby: Pues porque preferiría no hacerlo.
Lacan: Interpretaré eso como miedo a la Castración.
Bartleby: Preferiría no ser interpretado.
Lacan: NO SE TRATA DE QUE PREFIERAS O NO, ES LO QUE VOY A HACER, HABLES O NO, TODO SERÁ INTERPRETADO, PUTAIN!
Bartleby: Sencillamente, preferiría no...
Lacan: QUEDA USTED INTERPRETADO.
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Un saludo Bel, y gracias por comentar.
Gracias por hacerme reír este día más bien agotador.
Besos.
Bueno el blog. Saludos desde Buenos Aires.
Confia en tus máquinas.
ajajajaja...
De rebote!! Como es esta nuestra bloggosferaa...
Fdo: flip.
PD: Paso de last, no €€, Grooveshark free! Ou yeah!
Yes!
Ya estamos viviendo aquí again...
Has visto Noviembre? Qué te parece?
Ejem... las agendas suelen tener meses, las mías al menos. La presentación es de una agenda en la que hemos colaborado en el mes de...? Yes! Noviembre!!
Ah, y la peli esa es un autentico cagao!
A mi es que me sacas de Pajares y Esteso y ... no sé... me pierdo.
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