7 de mayo de 2010

IMPRESIONES DESDE ALFA-CENTAURI


La música es inseparable del territorio que ella construye, y por eso decimos coloquialmente que “nos sentimos identificados” con tal o cual canción. Este territorio –amenazado constantemente- se mantiene a través de una pequeña repetición con la que se asegurará en el momento de su efectuación, la consistencia territorial. No hay existencia sin territorio, y dicho sea de paso, el territorio va a esbozar y trazar el cómo de la misma.
Hay ciertas expresividades musicales que hacen desplegar nuestra existencia más allá de los límites que creíamos infranqueables, más allá de las discursividades moralizadoras y vehiculantes de la producción de subjetividad capitalística. Entrar pues, en conexión; Universos increíbles de virtualidad, todo un cosmos en nuestro cuerpo, para hablar un curioso silencio sideral, una cosmicidad musical, o una especialidad hiperdilatada .
De manera inversa –que no opuesta- llega a ser la música no inspiración sino aliada de la filosofía. Pues, ¿qué gran filósofo no ha hecho de su filosofía, música? ¿qué gran filósofo no ha incluido la música dentro, pero sin apropiársela, de sus conceptos? La musicalidad del filosófo es, con mucho, la virtud del despliegue del sentir. Aquellos que no han incluida la música, o que no se han incluido con ella, en fin, sabemos que han hecho de todo menos filosofía.
De cualquier manera, hay un rechazo hacia la música que no esté acompañada por la voz. Acaso Ligeti,  Stockhausen y Boulez hayan sido capaces de liberar la voz de un conjunto de discursos “significadores” que la aprisionaban. Se da, decimos, una incapacidad de ver territorios en la música, y bien es cierto que aquélla nos invade y solemos dedicarnos a escuchar otras Disposiciones que “nos digan algo”. Puede que hayamos perdido el oído, o quedado sordos. Aun así, sacaremos algo positivo de todo esto: En un momento de saturación vocal, dentro de aquello llamado panorama musical, existe siempre una eclosión e implosión de la subjetividad que se abre, ipso facto, hacia singularidades promotoras de creación que, no renegando de algún que otro molde preestablecido capitalísticamente (con el fin de no caer en aquel abismo de indiferenciación). Tal es el caso de grupos, o grupúsculos como Sigur Rós, Explosions in the Sky, Mono, etc.
Resulta francamente estúpido y snob calificar de buena o mala, de rechazar abiertamente o de aceptar una música en función del número de oyentes y de la “clase” de los mismos. Únicamente decirnos: “la música no se hizo para nosotros, sino con nosotros”. Cuando hablamos de música, decimos dos elementos constitutivos absolutamente necesarios para que ella misma tenga sentido y sea sentida: El territorio existencial y los Universos de Referencia. Pongamos un ejemplo de esto último. El género (aunque no nos satisfaga en demasía esta palabra] del post-rock habilitó un filo creativo, que dio lugar (como podría haber dado lugar a “otra cosa”) al space-rock o viceversa. Y post-rock o space-rock proceden igualmente de un filo (reino, familia) que habilitó su propia generación. Por supuesto, el filo no es, por sí mismo, garantía de ninguna creación, pues éste ha de estar en contacto con flujos, que a su vez contactan en y con territorios existenciales, etc.
No nos preguntaremos qué puede aportar la filosofía a la música (en el caso de que lo haya hecho) sino qué puede aportar la música a la filosofía. Diremos: Afectos, afectos, y más afectos. Modulaciones y variaciones en el sentir, en el cuerpo, nuevas Disposiciones desde las que construir y con las que crear. Es claro que no todo lo que se construye es, de entrada, positivo o liberador. Pero éste es un elemento-riesgo con el que debemos caminar, sabernos y trabajar. De otro modo, caeríamos en el conformismo por cuestión de seguridad, o en un confort apático del que difícilmente renunciaremos una vez llegado el momento de ponerse a tocar, y paralelamente, a escuchar.

5 de diciembre de 2009

LA PRODUCCIÓN DE CARENCIAS NO TIENE LÍMITES



Después de un largo tiempo (para mí ha sido largo, aunque al mirar el calendario os parezca lo contrario) y de un profundo análisis en lo que al campo filosófico, literario-artístico y psicológico respecta, :: filosofía salvaje :: vuelve, tampoco sé por cuanto tiempo, y en verdad esta cuestión no tiene demasiada importancia. Pero mi sorpresa, al volver del desierto en que me encontraba, cuando me topo con una entrevista (vía twitter y gracias a @yosoyene) que le hacen a Judith Miller, hija de Lacan. Por supuesto, que sea hija de Lacan o no es lo de menos, pero lo que no es "tan de menos" es que siga soltando perlas y deudas, faltas y carencias a diestro y siniestro. Lo que sí dice de ella es haberse casado con el Presidente  de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Dice que el psicoanálisis ha aprendido, pero lo que yo digo es que ahora muestra el perfil B, del mismo rostro. También es fundadora del Campo Freudiano, y tal y como están las cosas, dándole palmaditas a PAPÁ LACAN, poco fértil veo el susodicho campo (para los pacientes, verdaderamente pacientes), a no ser que la fertilidad se mida en términos de $ (Dólares y Sujeto barrado lacaniano).

La entrevista completa está disponible aquí . Me limito a subrayar alguna de las perlas que esta señora dice con una profunda, cuantiosa e incluso excesiva humanidad:


· Pregunta : ¿Y qué piensan los psicoanalistas de la agresividad que se da hoy en los adolescentes?

-No soy analista, pero creo que hoy, por diversas razones, falta a los adolescentes lo que llamamos la "deuda simbólica". La respuesta de los adolescentes es ponerse en una situación donde se marca esa falta. ¿Por qué la ausencia de deuda simbólica? Porque hay una declinación del Nombre del Padre y eso produce efectos. No vamos a cultivar la nostalgia del padre anterior, el padre es el padre de hoy.

- Comentario: Es decir, que a los adolescentes les falta más carencia aún, no hay suficiente. Simbólica, cómo no. Pero la deuda contraida con el psicoanalista es de tarjeta para que nos inyecte más deuda -paternal, maternal, simbólica siempre, pero siempre deuda- siendo la contracción de la misma un bucle que se retroalimenta ad infinitum, o hasta que no haya pasta. Dinero = Mierda, famosa ecuación freudiana que va de maravilla. La declinación del Nombre del Padre. Añadamos, y del Hijo, y del Espíritu Santo y de todos los ángeles que en el Cielo están.


[...]

No vamos a restituir los ideales de una sociedad que justamente los rechaza. El trabajo de los analistas no es retornar a un pasado que está pasado.  

[...]


- Comentario: ¿Se puede ser más hipócrita? El trabajo de los psicoanalistas es hacer del pasado un teatrito, que se repetirá ad nauseam, sin variaciones ni de contenido, ni de forma (y muchísimo menos, de expresión, ya que ellos ni siquiera la contemplan, Hjelmslev sí, y sin ser psicoanalista ha aportado más a la hora de analizar el inconsciente que toda la parafernalia teatral del pasado que se repite, el pasado que es siempre el mismo porque la obra es Mítica, Edipo, Electra, La Ley). El psicoanalista no pregunta ¿Cómo vas? ¿Cómo funcionas? Sino que el ya tiene la respuesta de antemano porque conoce el guión de la obra que el sujeto psicoanalizado re-presenta. "Da igual lo que digas, ya lo sabemos". "Ese silencio significa...", etc.


[...]

El psicoanálisis permite, a aquellos que tienen la suerte de encontrar un psicoanalista, una manera de encontrar lo que un colega de España ha llamado "un plus de vida", otra manera de vivir, con sus dificultades, por supuesto.

[...] 

- Comentario: ¿Es una broma? No, realmente la señora Miller hablará desde la experiencia; encontrar a un psicoanalista forrado, con poder de decisión y enunciación sobre los demás y casarse con él. De otro modo, no sería más que la muestra de la eterna dura cara que estos señores y señoras profesan y tienen.

11 de noviembre de 2009

STANDBY & GO



Debido a una serie de factores que tomo como positivos en el desarrollo de mi ensablaje filosófico, así como a una imposibilidad de actualización tal y como a mí me gustaría, este blog me abandonará hasta que nos reencontremos de nuevo. No se puede disparar eternamente sin recargar, y tampoco desplazarse sin movimiento. Agradezco todas y cada una de las visitas que han llegado, llegan y llegarán. Los comentarios quedan abiertos para el que guste añadir algo a los posts. Entretanto, y ya en marcha, os mando un afectuoso saludo.

10 de noviembre de 2009

LA CIENCIA DEL SUEÑO O LA MÁQUINA QUE SUEÑA



Dirigida por Michel Gondry, y protagonizada por Gael García Bernal (Stéphane) y Charlotte Gaingsbourg (Stephanie) La ciencia del sueño es un film que he encontrado sumamente interesante por cuatro motivos: El primero es la perfecta puesta en marcha del deseo como producción; el segundo es la relación existente entre sueño y deseo; el tercero versa sobre el amor concebido como fabricación de afectos y desciframiento de signos emitidos por otras máquinas, otros cuerpos; el cuarto es la inconmensurabilidad del deseo y la irreductibilidad de éste a una carencia, su expresión constante en flujos, y cómo los protagonistas no son meros accidentes de un guión hollywoodiense, de tal modo que la película deviene novela corta porque trata de un acontecimiento, de una máquina deseante en funcionamiento y estropeo.

9 de noviembre de 2009

EL DIABLILLO DE DELEUZE


 Download | traducción de "El diablillo de Deleuze" de René Schérer. Traducido por Antonio Miranda, Bufu.

3 de noviembre de 2009

ESCRITURA [ EN TRANSVERSAL ]


The Great Wave off Kanagawa, Katsushika Hokusai

 Quisiera aquí proponer una serie de líneas que habiliten la cristalización de una literatura conformada por expresiones que surjan de huidas de regímenes sintácticos y gramaticales, así como por conexiones entre diferentes territorialidades por las cuales el autor del texto deja de ser sujeto para devenir ejeto (arrojado).
Cuando nos proponemos escribir, siempre nos asalta la duda sobre qué escribir, si vamos a hacerlo mejor o peor, qué dirán los demás cuando lo lean, qué forma se le dará al texto, etc. Bien, lo mejor que podemos hacer es no escribir en el momento en que la duda sobre el QUÉ escribir surge. Digo esto sencillamente porque el escribir nunca empieza sobre un qué, sino que el escribir ya está en un algo, en un campo de escritura. Por supuesto, no se trata aquí de cómo escribir un texto neurótico o exponer públicamente un escrito a modo de banalidad bajo la forma de un diario (no es que escribir el diario sea algo banal, sino que existe una banalidad expresada a modo de diario).